El impacto de la Web 2.0 en la práctica docente
Cuando Julio Verne publicó todos sus libros de Ciencia Ficción, la gente pensó que tenía demasiada imaginación, pues en ese momento, con la tecnología disponible, “dar la vuelta al mundo en 80 días” era prácticamente imposible, ni hablemos siquiera de las 20,000 leguas de viaje submarino o los viajes a la luna y al centro de la tierra…
Años después, un programa de televisión del que yo disfrutaba cuando era niña, los Supersonicos, una familia del futuro ya no muy lejano, tenía artefactos que pensamos que solo existirían en la imaginación de sus creadores, lo que más me llamaba la atención eran los “videoteléfonos”.
Hoy en día, cosas como darle la vuelta al mundo en menos de 80 horas, viajar no solo hasta la luna, sino mucho más allá o descender a las profundidades del mar, no nos parece imposibles, menos aún el “hablar” con alguien que está al otro lado del mundo y mirarlo mientras conversamos con él, hecho que para muchos de nosotros, se ha vuelto un suceso cotidiano.
La Web 2.0 ha traspasado las fronteras del universo físico conocido, creando puentes de enlace entre culturas y lugares distantes, posibilitando encuentros entre personas que de otra manera jamás se habrían conocido. Y difundiendo información y noticias aún más rápidamente que la televisión o la radio, con la misma ventaja de la prensa escrita, la cual combina no solamente un espacio informativo atemporal al que podemos recurrir en cualquier instante, sino que además, suele incluir imágenes, audio y video que nos ayudan a darnos una idea de lo que sucede en éste mundo que se hace cada vez más pequeño.
El día de hoy, nuestros alumnos viven una realidad diferente a la que a nosotros nos tocó vivir; sin importar si solo hace 10 años que terminamos la licenciatura; pues las cosas han cambiado tanto en ésta última década, que la única forma de describir esta vorágine es comparándola con una parábola, es decir, la “potencia de una potencia” (matemáticas, álgebra)
Y les comentaba que, para nuestros alumnos, conceptos como los celulares, mensajes de texto, chat, videos caseros, micro-reproductores de audio con capacidad para miles de canciones y videos… Internet, Wikipedia, monografías.com y el “rincón del vago”… e-mail, Youtube, blog, faceboock, twitter y Messenger, entre otros; son tan comunes como lo era en nuestros tiempos el ir a las bibliotecas y las hemerotecas y leer cientos de libros para hacer nuestras tareas de investigación (o por lo menos hacerte amigo del bibliotecario que ya sabía en qué libro estaba lo que buscábamos, con lo cual nos reducía el trabajo de lectura a 10 o 12 volúmenes).
La convivencia en nuestros tiempos (o al menos en los míos) se llevaba acabo en lo jardines anexos a todas las bibliotecas públicas, (de mi ciudad) donde sabiamente, los presidentes municipales y alcaldes habían diseñado un intrincado laberinto de bancas y árboles que proveían suficiente sombra, donde podíamos sentarnos a estudiar, hacer tareas, platicar, socializar y hasta “ligar”, antes de regresar a la biblioteca y seguir con nuestro trabajo de investigación.
Hoy en día, las cosas han cambiado mucho.
Mi primer choque con ésta realidad “bizarra” fue hace unos años, cuando, en una urgencia por sacar copias un domingo por la noche, fui a parar a las puertas de un “cibercafé” que estaba abierto.
“Nadie trabaja un domingo por la noche” pensé, pero agradecí silenciosamente a los dueños de éste local, que no les importara romper ésta regla de oro de la economía dominical…
Durante la media hora o menos que tardaron en sacarme las fotocopias, llegaron unos 4 o 5 jóvenes, (cada uno por separado) solicitando una “tarea de investigación”
El marchante, porque no le puedo decir de otro modo, solo les preguntaba sobre qué tema querían en trabajo y de cuántas hojas. Luego de eso, les pedía que utilizaran una de las computadoras libres para realizar la portada de su trabajo…
Más tardaban los jóvenes en realizar la portada, que el “marchante ese” en entrar a Internet, copiar y pegar la información necesaria y “despachar” éstos “trabajos de investigación”.
Ahora entendía porque un domingo por la noche era la mejor hora para poner a trabajar a todo el personal de un sitio de Internet.
Yo estaba furiosa… los muchachos gustosos pagaban elevadas sumas por esas hojas impresas que ni siquiera habían tenido oportunidad ni interés de leer… y aquellos primeros pobres docentes… aún creyendo que sus pupilos se habían tomado la molestia de “leer” y de “investigar…
Desde entonces, me prometí a mí misma que eso no me pasaría a mí. Desde ese momento, decidí que, aunque fuera anticuado, todos los trabajos entregados estarían hechos a mano y sobre hojas blancas, pues si no podía evitar que bajaran todo de Internet, por lo menos los obligaría a leer y resumir lo que habían descargado.
Sin embargo, la modernidad se impone, y hoy en día no podemos evitar que la tecnología sea usada para fomentar la flojera, pero si podemos promover su uso con fines de generar en nuestros alumnos el deseo por alcanzar metas e investigar y aprender más cosas de las que nosotros nunca llegaremos siquiera a imaginar…