Recuerdo que hace algunos años, un maestro nos llevó a observar el trabajo que se desarrolla en la educación preescolar.
Ya desde ese tiempo, (1995) las maestras promovían el trabajo colectivo de forma cotidiana. Los niños estaban sentados en mesas redondas y realizando actividades diversas para el logro de objetivos comunes.
El día que precisamente nos tocó observar, los niños tenían que realizar un periódico mural sobre los animales de granja.
Algunos niños observaban revistas para buscar que recortar, otros recortaban, otros pegaban y otros hacían algunos adornos de papel para terminar "su granja".
La maestra del grupo nos explicó precisamente en que consistía el trabajo colectivo, es decir, que los alumnos aprenden más si comparten sus opiniones con los compañeros y las discuten respetuosamente; argumentando, aceptando y analizando las opiniones de los demás, y teniendo en cuenta que el trabajo de todos y cada uno de los miembros del equipo cuenta y es importante para la consecución de los objetivos, así mismo, son capaces de reflexionar sobre sus acciones y autoevaluarse no solo en función de lo que realizaron, sino de lo que pudieron haber realizado.
También nos hizo notar un detalle: que no todas las mesas trabajaban igual. Es decir, de las 6 mesas de trabajo, sólo 2 de ellas tenían a los niños trabajando en aspectos diferentes del proyecto, en las otras, todos los niños realizaban la misma actividad; es decir, todos al mismo tiempo buscaban en revistas o recortaban y pegaban… o incluso dibujaban y coloreaban sus propios animales.
La explicación de la maestra fue:
"…aún no tienen la madurez para actuar con independencia, ellos observan al líder natural y hacen lo mismo que él, su propia inseguridad los hace pensar que no son capaces de realizar solos las actividades. Con el paso del tiempo, los mismos niños se dan cuenta de que no necesitan que alguien les diga qué hacer o cómo hacerlo, y que es mejor si cada uno realiza la parte del trabajo que más le agrada o se le facilita; o tal vez la más difícil, para retarse a sí mismos a dominarla, aunque siempre se involucran en todos y cada uno de los aspectos del proyecto...". (Bitácora pedagógica. Noviembre de 1995)
Una de las posibles respuestas a la interrogante:
"¿Por qué nosotros no somos capaces de hacer trabajo colectivo?"
¿No tendrá que ver precisamente con el hecho de que nunca fuimos lo suficientemente maduros para independizarnos y defender nuestra propia habilidad e identidad dentro del trabajo de equipo…?
Al siguiente día, al analizar lo observado en la clase, (recuerden que estaba estudiando pedagogía) surgió nuevamente la pregunta, ¿Por qué, si desde el preescolar nos enseñan a trabajar en equipo, no lo hacemos ahora que somos adultos?
Después de un debate en el que no faltaron las teorías de Piaget, Ausubel y Vygotsky, analizadas hasta con microscopio, la respuesta fue muy simple:
Nos acostumbramos a trabajar colectivamente en preescolar, porque lo que aprendemos en esa etapa no se considera "aprendizaje". Pero al llegar a la primaria, donde "si tenemos que aprender cosas de verdad", suprimimos el trabajo colectivo en aras del trabajo individual... y eso sigue a lo largo de nuestra educación formal...
¿O acaso conocen ustedes alguna escuela donde (además del laboratorio) los alumnos puedan sentarse en mesa redonda para realizar sus actividades...?
La verdad, yo no.
Aclaración: Las maestras de preescolar no están de acuerdo con la afirmación de que lo que ellas desarrollan no se considera "aprendizaje", pues consideran de vital importancia su trabajo… pero desafortunadamente, los demás no valoramos sus esfuerzos tanto como deberíamos, nuestra arrogancia no nos permite reconocer que el trabajo que se realiza en el preescolar o la primaria es tan difícil e importante como el que se lleva acabo en los niveles superiores)
Regresando al tema del ambiente propicio para el desarrollo del trabajo colectivo; en primaria, secundaria, bachillerato y nivel superior, los salones no están diseñados para fomentar el trabajo en equipo.
En las escuelas públicas que yo conozco, (y algunas privadas) nos sentarnos incómodamente en una butaca en la que apenas cabemos con nuestros útiles escolares, haciendo malabares para trabajar con el cuaderno, el libro de texto, el juego de geometría, y ni pensar en tener espacio para trabajar con cartulinas u hojas de rotafolio...
Y si consideramos la sobrepoblación de las aulas, (en muchas de la escuelas públicas) apenas tendremos espacio para acomodarnos en "nuestro propio rincón" aislados y al mismo tiempo formando parte de la multitud, porque muchas veces ni siquiera se nos permite sentarnos junto a nuestros amigos con los que podríamos compartir nuestras opiniones.
La supresión del trabajo grupal ha alcanzado cotas despóticas en la educación formal, que han llegado a aniquilar la propia naturaleza inquisitiva y explorativa de los alumnos, prohibiéndoles hablar en clase o pararse de su lugar sin permiso... inclusive, me ha tocado conocer maestros que consideran que el grupo perfecto es aquel que no hace apenas ruido en todo el día y donde los alumnos apenas se mueven del lugar en el que los colocaron...
Los salones son ambientes estériles, no solo por el orden y la limpieza que impera, sino por la propia carencia de estímulos intelectuales que se manifiestan.
¿Es ese el ambiente propicio para el desarrollo del trabajo colectivo?
Yo no lo creo.
Al contrario. Ese ambiente potencializa el trabajo individual y el egoísmo.
Es un ambiente donde el niño o el joven se sienta sólo con sus libros y no se le permite otra actividad que no sea pensar en los contenidos que se han de analizar, aunque no creo que muchos maestros nos demos cuenta de que no podemos influir hasta ese nivel en nuestros alumnos...
Un ambiente en el que el alumno muchas veces se queda solo con lo que logró captar de las lecturas que realizó, y que no precisamente es lo que el profesor quería que captara…
Un verdadero aprendizaje se logra gracias a la interacción con los compañeros, en un espacio en el que tengamos la confianza de externar nuestras dudas y opiniones, y no nos quedemos solo con "lo que entendimos" después de haber leído algún artículo o escuchado alguna conferencia...
Seamos generadores de aprendizajes significativos y motivadores del trabajo colectivo en el aula.
No permitamos que nuestros alumnos se desarrollen en un ambiente estéril, libre de conversaciones e interacciones con los compañeros que enriquecerán sus opiniones y le permitirán un desarrollo social más sano y nutritivo para el logro de su desarrollo humano integral.
Lo que me gustaría dejar en claro, es que, el promover la libertad de acción y expresón dentro del aula no implica promover la anarquía...
Competencias Docentes para la Educación Media Superior
Espacio para comentar los temas vistos en la Especialización
viernes, 13 de abril de 2012
martes, 13 de abril de 2010
El impacto de la Web 2.0 en la práctica docente
El impacto de la Web 2.0 en la práctica docente
Cuando Julio Verne publicó todos sus libros de Ciencia Ficción, la gente pensó que tenía demasiada imaginación, pues en ese momento, con la tecnología disponible, “dar la vuelta al mundo en 80 días” era prácticamente imposible, ni hablemos siquiera de las 20,000 leguas de viaje submarino o los viajes a la luna y al centro de la tierra…
Años después, un programa de televisión del que yo disfrutaba cuando era niña, los Supersonicos, una familia del futuro ya no muy lejano, tenía artefactos que pensamos que solo existirían en la imaginación de sus creadores, lo que más me llamaba la atención eran los “videoteléfonos”.
Hoy en día, cosas como darle la vuelta al mundo en menos de 80 horas, viajar no solo hasta la luna, sino mucho más allá o descender a las profundidades del mar, no nos parece imposibles, menos aún el “hablar” con alguien que está al otro lado del mundo y mirarlo mientras conversamos con él, hecho que para muchos de nosotros, se ha vuelto un suceso cotidiano.
La Web 2.0 ha traspasado las fronteras del universo físico conocido, creando puentes de enlace entre culturas y lugares distantes, posibilitando encuentros entre personas que de otra manera jamás se habrían conocido. Y difundiendo información y noticias aún más rápidamente que la televisión o la radio, con la misma ventaja de la prensa escrita, la cual combina no solamente un espacio informativo atemporal al que podemos recurrir en cualquier instante, sino que además, suele incluir imágenes, audio y video que nos ayudan a darnos una idea de lo que sucede en éste mundo que se hace cada vez más pequeño.
El día de hoy, nuestros alumnos viven una realidad diferente a la que a nosotros nos tocó vivir; sin importar si solo hace 10 años que terminamos la licenciatura; pues las cosas han cambiado tanto en ésta última década, que la única forma de describir esta vorágine es comparándola con una parábola, es decir, la “potencia de una potencia” (matemáticas, álgebra)
Y les comentaba que, para nuestros alumnos, conceptos como los celulares, mensajes de texto, chat, videos caseros, micro-reproductores de audio con capacidad para miles de canciones y videos… Internet, Wikipedia, monografías.com y el “rincón del vago”… e-mail, Youtube, blog, faceboock, twitter y Messenger, entre otros; son tan comunes como lo era en nuestros tiempos el ir a las bibliotecas y las hemerotecas y leer cientos de libros para hacer nuestras tareas de investigación (o por lo menos hacerte amigo del bibliotecario que ya sabía en qué libro estaba lo que buscábamos, con lo cual nos reducía el trabajo de lectura a 10 o 12 volúmenes).
La convivencia en nuestros tiempos (o al menos en los míos) se llevaba acabo en lo jardines anexos a todas las bibliotecas públicas, (de mi ciudad) donde sabiamente, los presidentes municipales y alcaldes habían diseñado un intrincado laberinto de bancas y árboles que proveían suficiente sombra, donde podíamos sentarnos a estudiar, hacer tareas, platicar, socializar y hasta “ligar”, antes de regresar a la biblioteca y seguir con nuestro trabajo de investigación.
Hoy en día, las cosas han cambiado mucho.
Mi primer choque con ésta realidad “bizarra” fue hace unos años, cuando, en una urgencia por sacar copias un domingo por la noche, fui a parar a las puertas de un “cibercafé” que estaba abierto.
“Nadie trabaja un domingo por la noche” pensé, pero agradecí silenciosamente a los dueños de éste local, que no les importara romper ésta regla de oro de la economía dominical…
Durante la media hora o menos que tardaron en sacarme las fotocopias, llegaron unos 4 o 5 jóvenes, (cada uno por separado) solicitando una “tarea de investigación”
El marchante, porque no le puedo decir de otro modo, solo les preguntaba sobre qué tema querían en trabajo y de cuántas hojas. Luego de eso, les pedía que utilizaran una de las computadoras libres para realizar la portada de su trabajo…
Más tardaban los jóvenes en realizar la portada, que el “marchante ese” en entrar a Internet, copiar y pegar la información necesaria y “despachar” éstos “trabajos de investigación”.
Ahora entendía porque un domingo por la noche era la mejor hora para poner a trabajar a todo el personal de un sitio de Internet.
Yo estaba furiosa… los muchachos gustosos pagaban elevadas sumas por esas hojas impresas que ni siquiera habían tenido oportunidad ni interés de leer… y aquellos primeros pobres docentes… aún creyendo que sus pupilos se habían tomado la molestia de “leer” y de “investigar…
Desde entonces, me prometí a mí misma que eso no me pasaría a mí. Desde ese momento, decidí que, aunque fuera anticuado, todos los trabajos entregados estarían hechos a mano y sobre hojas blancas, pues si no podía evitar que bajaran todo de Internet, por lo menos los obligaría a leer y resumir lo que habían descargado.
Sin embargo, la modernidad se impone, y hoy en día no podemos evitar que la tecnología sea usada para fomentar la flojera, pero si podemos promover su uso con fines de generar en nuestros alumnos el deseo por alcanzar metas e investigar y aprender más cosas de las que nosotros nunca llegaremos siquiera a imaginar…
Cuando Julio Verne publicó todos sus libros de Ciencia Ficción, la gente pensó que tenía demasiada imaginación, pues en ese momento, con la tecnología disponible, “dar la vuelta al mundo en 80 días” era prácticamente imposible, ni hablemos siquiera de las 20,000 leguas de viaje submarino o los viajes a la luna y al centro de la tierra…
Años después, un programa de televisión del que yo disfrutaba cuando era niña, los Supersonicos, una familia del futuro ya no muy lejano, tenía artefactos que pensamos que solo existirían en la imaginación de sus creadores, lo que más me llamaba la atención eran los “videoteléfonos”.
Hoy en día, cosas como darle la vuelta al mundo en menos de 80 horas, viajar no solo hasta la luna, sino mucho más allá o descender a las profundidades del mar, no nos parece imposibles, menos aún el “hablar” con alguien que está al otro lado del mundo y mirarlo mientras conversamos con él, hecho que para muchos de nosotros, se ha vuelto un suceso cotidiano.
La Web 2.0 ha traspasado las fronteras del universo físico conocido, creando puentes de enlace entre culturas y lugares distantes, posibilitando encuentros entre personas que de otra manera jamás se habrían conocido. Y difundiendo información y noticias aún más rápidamente que la televisión o la radio, con la misma ventaja de la prensa escrita, la cual combina no solamente un espacio informativo atemporal al que podemos recurrir en cualquier instante, sino que además, suele incluir imágenes, audio y video que nos ayudan a darnos una idea de lo que sucede en éste mundo que se hace cada vez más pequeño.
El día de hoy, nuestros alumnos viven una realidad diferente a la que a nosotros nos tocó vivir; sin importar si solo hace 10 años que terminamos la licenciatura; pues las cosas han cambiado tanto en ésta última década, que la única forma de describir esta vorágine es comparándola con una parábola, es decir, la “potencia de una potencia” (matemáticas, álgebra)
Y les comentaba que, para nuestros alumnos, conceptos como los celulares, mensajes de texto, chat, videos caseros, micro-reproductores de audio con capacidad para miles de canciones y videos… Internet, Wikipedia, monografías.com y el “rincón del vago”… e-mail, Youtube, blog, faceboock, twitter y Messenger, entre otros; son tan comunes como lo era en nuestros tiempos el ir a las bibliotecas y las hemerotecas y leer cientos de libros para hacer nuestras tareas de investigación (o por lo menos hacerte amigo del bibliotecario que ya sabía en qué libro estaba lo que buscábamos, con lo cual nos reducía el trabajo de lectura a 10 o 12 volúmenes).
La convivencia en nuestros tiempos (o al menos en los míos) se llevaba acabo en lo jardines anexos a todas las bibliotecas públicas, (de mi ciudad) donde sabiamente, los presidentes municipales y alcaldes habían diseñado un intrincado laberinto de bancas y árboles que proveían suficiente sombra, donde podíamos sentarnos a estudiar, hacer tareas, platicar, socializar y hasta “ligar”, antes de regresar a la biblioteca y seguir con nuestro trabajo de investigación.
Hoy en día, las cosas han cambiado mucho.
Mi primer choque con ésta realidad “bizarra” fue hace unos años, cuando, en una urgencia por sacar copias un domingo por la noche, fui a parar a las puertas de un “cibercafé” que estaba abierto.
“Nadie trabaja un domingo por la noche” pensé, pero agradecí silenciosamente a los dueños de éste local, que no les importara romper ésta regla de oro de la economía dominical…
Durante la media hora o menos que tardaron en sacarme las fotocopias, llegaron unos 4 o 5 jóvenes, (cada uno por separado) solicitando una “tarea de investigación”
El marchante, porque no le puedo decir de otro modo, solo les preguntaba sobre qué tema querían en trabajo y de cuántas hojas. Luego de eso, les pedía que utilizaran una de las computadoras libres para realizar la portada de su trabajo…
Más tardaban los jóvenes en realizar la portada, que el “marchante ese” en entrar a Internet, copiar y pegar la información necesaria y “despachar” éstos “trabajos de investigación”.
Ahora entendía porque un domingo por la noche era la mejor hora para poner a trabajar a todo el personal de un sitio de Internet.
Yo estaba furiosa… los muchachos gustosos pagaban elevadas sumas por esas hojas impresas que ni siquiera habían tenido oportunidad ni interés de leer… y aquellos primeros pobres docentes… aún creyendo que sus pupilos se habían tomado la molestia de “leer” y de “investigar…
Desde entonces, me prometí a mí misma que eso no me pasaría a mí. Desde ese momento, decidí que, aunque fuera anticuado, todos los trabajos entregados estarían hechos a mano y sobre hojas blancas, pues si no podía evitar que bajaran todo de Internet, por lo menos los obligaría a leer y resumir lo que habían descargado.
Sin embargo, la modernidad se impone, y hoy en día no podemos evitar que la tecnología sea usada para fomentar la flojera, pero si podemos promover su uso con fines de generar en nuestros alumnos el deseo por alcanzar metas e investigar y aprender más cosas de las que nosotros nunca llegaremos siquiera a imaginar…
domingo, 7 de junio de 2009
La aventura de ser Maestro
Muchos recuerdos vienen a mi mente cuando pienso en "ese"... mi primer día de trabajo... cuando por fin me convertí en “maestra”…
A diferencia de muchos compañeros de telesecundaria, o de quienes trabajan a nivel medio superior, yo no puedo decir que llegué a ciegas a un grupo, pues como les comenté anteriormente, mi formación está dentro del ámbito educativo y ya había tenido oportuniad de realizar mis prácticas frente a grupo. Sin embargo, no por ello, ese primer día dejó de ser único y escalofriante.
Es muy cierto, uno al ser formado como maestro, llega a su primera clase con toda la teoría del mundo, pero esa teoría difícilmente te prepara para lo que te vas a encontrar cuando te conviertes en maestro de “tiempo completo” o “de verdad”.
Es cierto también que en las escuelas de “profesores” nos envían a practicar frente a grupo. Sin embargo, no es lo mismo trabajar una hora con los niños y con todo planeado, (además de un maestro que está detrás de ti observándote y apoyándote si algún imprevisto sucede) que hacerlo por lo menos seis horas al día, cinco días a la semana (y hacerlo solos).
Creo que ese es el verdadero malestar docente, el encontrarnos frente a un grupo sin saber que hacer, y se los digo para que sepan que nos pasa a todos, tanto los que fuimos formados como docentes, tanto como los que no lo fueron.
Pero bien dicen, la práctica hace al maestro, y es precisamente practicando que aprendemos a manejar el grupo, el tiempo y los recursos, sin importar la preparación profesional que tengamos.
Muchos, al momento de enfrentarnos al trabajo y no saber que hacer, recordamos nuestros días de estudiante y tratamos de imitar a nuestros viejos maestros, haciendo lo que ellos hacían y buscando la zona de “confort” donde al repetir una y otra vez la misma clase, creemos que nuestros alumnos aprenderán lo que les enseñaremos y que ya nos convertimos en los “mejores maestros”, No obstante, eso no suele ser precisamente verdad.
Al respecto, recuerdo que en el CBTis, donde estudié, tenía una maestra que nos daba historia. Una licenciada. Según muchos, era la mejor maestra de historia de la escuela, arriba de los 50, y tal vez con unos 30 años impartiendo la materia, tenía una preciosa letra manuscrita, según recuerdo, y como yo era la única que sabía leer manuscrita en el salón, cuando ella tenía que salir por algún motivo, me dejaba su libreta de apuntes para dictárselo a mis compañeros… Así es, su clase consistía en dictar semestre tras semestre el contenido de su vieja libreta que solo ellas sabían cuantos años llevaban juntas, pero no eran pocos… y nosotros lo único que hacíamos era apuntar. Tanto así, que yo solía quedarme dormida escribiendo en su clase.
Un mejor ejemplo lo encontramos en el CECyTE de Tancítaro Michoacán, donde trabaja un déspota de apellido Villano impartiendo las materias de Matemáticas, a él no le gusta que le digan profesor, porque no es profesor, sino científico matemático (frustrado, pero eso nadie se atreve a decírselo); inclusive, se aprovecha de su apellido para generar terror en sus alumnos. Todos tienen que llamarlo "Villano", y los muchachos de las secundarias, tiemblan de solo escuchar su nombre y de pensar que al entrar en el bachillerato les toque con él. Pero las cosas son peores de lo que parecen, pues en sus grupos solo pasa uno o dos y de “panzazo”.
Si nos ponemos a analizar este indicente, sabremos que el quehacer educativo se complica con la arrogancia del profesor (palabra mía) esa arrogancia se encuentra en su incapacidad de reconocer sus limitaciones. El profesor se siente perfecto, poseedor de todo el conocimiento y cuando alguna situación lo supera, se niega a reconocerla y pedir ayuda a quienes lo rodean… (no hablo solo del éste "villano" sino de todos los que en algún momento han asumido esta postura)
La solución a esta situación, es reconocer que somos humanos, y estamos trabajando con seres humanos; que el hecho de no saber algo, significa que no somos perfectos, y eso está bien, porque sólo somos humanos… nada más que eso.
La cantidad de alumnos que repruebo no es directamente proporcional a mi inteligencia como maestro, sino al contrario… y tampoco podemos limitarnos a haber encontrado al “fórmula” y repetirla una y otra vez. Porque la educación no es una receta que se pueda seguir al pie de la letra; los tiempos cambian y las personas también; Siempre debemos recordar que nuestra materia prima son los seres humanos, y no hay uno igual a otro.
En mi primer día de clases, yo era licenciada el pedagogía, un título que ofendió a muchos, pues “yo si era maestra de carrera” y mis compañeros de telesecundaria solo eran ingenieros, médicos o abogados; pensaron que me sentía superior a ellos. Y sin embargo, uno de ellos no se dejo impresionar por mi título tanto como por mi juventud, y comenzó a hablarme de cómo debía comportarme con mis alumnos: cómo tratarlos… como ser fuerte sin ser dura o rígida, como imponer la disciplina sin ser dictadora… y se lo agradezco aún hoy, porque esos consejos me sirvieron en esos primeros días de trabajo.
También les comenté que una de las recomendaciones de un supervisor era “bajarse al nivel de los alumnos”. Mis alumnos aprenderán más si les hablo en un lenguaje sencillo: un lenguaje común que ellos puedan comprender, y si quiero hablarles en lenguaje especializado (porque mi deber es enseñarles ese lenguaje) les explico cada una de esas palabras y los pongo a practicarlas, para que no se asusten la próxima vez que las vean.
La satisfacción más grande que tengo como docente es cuando mis chicos logran avanzar por si solos, aprenden, resuelven problemas, aplican lo que aprendieron y parecen superar esa etapa de Alzheimer estudiantil por lo menos, por unas horas…
Para mí, la docencia es un acto de empatía, de ponerme en el lugar del otro, tratarlo como quiero ser tratada y comprender que no soy superior a alguien por ostentar un título, cualquiera que éste sea, y que si no tengo el título... tampoco soy inferior
A diferencia de muchos compañeros de telesecundaria, o de quienes trabajan a nivel medio superior, yo no puedo decir que llegué a ciegas a un grupo, pues como les comenté anteriormente, mi formación está dentro del ámbito educativo y ya había tenido oportuniad de realizar mis prácticas frente a grupo. Sin embargo, no por ello, ese primer día dejó de ser único y escalofriante.
Es muy cierto, uno al ser formado como maestro, llega a su primera clase con toda la teoría del mundo, pero esa teoría difícilmente te prepara para lo que te vas a encontrar cuando te conviertes en maestro de “tiempo completo” o “de verdad”.
Es cierto también que en las escuelas de “profesores” nos envían a practicar frente a grupo. Sin embargo, no es lo mismo trabajar una hora con los niños y con todo planeado, (además de un maestro que está detrás de ti observándote y apoyándote si algún imprevisto sucede) que hacerlo por lo menos seis horas al día, cinco días a la semana (y hacerlo solos).
Creo que ese es el verdadero malestar docente, el encontrarnos frente a un grupo sin saber que hacer, y se los digo para que sepan que nos pasa a todos, tanto los que fuimos formados como docentes, tanto como los que no lo fueron.
Pero bien dicen, la práctica hace al maestro, y es precisamente practicando que aprendemos a manejar el grupo, el tiempo y los recursos, sin importar la preparación profesional que tengamos.
Muchos, al momento de enfrentarnos al trabajo y no saber que hacer, recordamos nuestros días de estudiante y tratamos de imitar a nuestros viejos maestros, haciendo lo que ellos hacían y buscando la zona de “confort” donde al repetir una y otra vez la misma clase, creemos que nuestros alumnos aprenderán lo que les enseñaremos y que ya nos convertimos en los “mejores maestros”, No obstante, eso no suele ser precisamente verdad.
Al respecto, recuerdo que en el CBTis, donde estudié, tenía una maestra que nos daba historia. Una licenciada. Según muchos, era la mejor maestra de historia de la escuela, arriba de los 50, y tal vez con unos 30 años impartiendo la materia, tenía una preciosa letra manuscrita, según recuerdo, y como yo era la única que sabía leer manuscrita en el salón, cuando ella tenía que salir por algún motivo, me dejaba su libreta de apuntes para dictárselo a mis compañeros… Así es, su clase consistía en dictar semestre tras semestre el contenido de su vieja libreta que solo ellas sabían cuantos años llevaban juntas, pero no eran pocos… y nosotros lo único que hacíamos era apuntar. Tanto así, que yo solía quedarme dormida escribiendo en su clase.
Un mejor ejemplo lo encontramos en el CECyTE de Tancítaro Michoacán, donde trabaja un déspota de apellido Villano impartiendo las materias de Matemáticas, a él no le gusta que le digan profesor, porque no es profesor, sino científico matemático (frustrado, pero eso nadie se atreve a decírselo); inclusive, se aprovecha de su apellido para generar terror en sus alumnos. Todos tienen que llamarlo "Villano", y los muchachos de las secundarias, tiemblan de solo escuchar su nombre y de pensar que al entrar en el bachillerato les toque con él. Pero las cosas son peores de lo que parecen, pues en sus grupos solo pasa uno o dos y de “panzazo”.
Si nos ponemos a analizar este indicente, sabremos que el quehacer educativo se complica con la arrogancia del profesor (palabra mía) esa arrogancia se encuentra en su incapacidad de reconocer sus limitaciones. El profesor se siente perfecto, poseedor de todo el conocimiento y cuando alguna situación lo supera, se niega a reconocerla y pedir ayuda a quienes lo rodean… (no hablo solo del éste "villano" sino de todos los que en algún momento han asumido esta postura)
La solución a esta situación, es reconocer que somos humanos, y estamos trabajando con seres humanos; que el hecho de no saber algo, significa que no somos perfectos, y eso está bien, porque sólo somos humanos… nada más que eso.
La cantidad de alumnos que repruebo no es directamente proporcional a mi inteligencia como maestro, sino al contrario… y tampoco podemos limitarnos a haber encontrado al “fórmula” y repetirla una y otra vez. Porque la educación no es una receta que se pueda seguir al pie de la letra; los tiempos cambian y las personas también; Siempre debemos recordar que nuestra materia prima son los seres humanos, y no hay uno igual a otro.
En mi primer día de clases, yo era licenciada el pedagogía, un título que ofendió a muchos, pues “yo si era maestra de carrera” y mis compañeros de telesecundaria solo eran ingenieros, médicos o abogados; pensaron que me sentía superior a ellos. Y sin embargo, uno de ellos no se dejo impresionar por mi título tanto como por mi juventud, y comenzó a hablarme de cómo debía comportarme con mis alumnos: cómo tratarlos… como ser fuerte sin ser dura o rígida, como imponer la disciplina sin ser dictadora… y se lo agradezco aún hoy, porque esos consejos me sirvieron en esos primeros días de trabajo.
También les comenté que una de las recomendaciones de un supervisor era “bajarse al nivel de los alumnos”. Mis alumnos aprenderán más si les hablo en un lenguaje sencillo: un lenguaje común que ellos puedan comprender, y si quiero hablarles en lenguaje especializado (porque mi deber es enseñarles ese lenguaje) les explico cada una de esas palabras y los pongo a practicarlas, para que no se asusten la próxima vez que las vean.
La satisfacción más grande que tengo como docente es cuando mis chicos logran avanzar por si solos, aprenden, resuelven problemas, aplican lo que aprendieron y parecen superar esa etapa de Alzheimer estudiantil por lo menos, por unas horas…
Para mí, la docencia es un acto de empatía, de ponerme en el lugar del otro, tratarlo como quiero ser tratada y comprender que no soy superior a alguien por ostentar un título, cualquiera que éste sea, y que si no tengo el título... tampoco soy inferior
viernes, 3 de abril de 2009
Bienvenida
Hola que tal compañeros del curso de tutores y demás visitantes que se han perdido y llegado hasta este espacio.
Les doy la bienvenida a éste mi muy personal blog, en el cual pondremos discutir sobre todos los temas referentes a las Competencias Docentes de la Educación Media Superior y por que no, sobre los temas que a ustedes les interesen.
Sin más preámbulos: iniciemos...
Sonia Edith
Les doy la bienvenida a éste mi muy personal blog, en el cual pondremos discutir sobre todos los temas referentes a las Competencias Docentes de la Educación Media Superior y por que no, sobre los temas que a ustedes les interesen.
Sin más preámbulos: iniciemos...
Sonia Edith
La importancia de un perfil completo
Lo más difícil de la formación en línea a esa sensación de “irrealidad”, es decir, prácticamente estas hablando con una computadora, y para muchos es difícil darle rostro y personalidad a quienes están del otro lado.
Cuando elaboramos nuestro perfil, nos estamos volviendo reales, estamos consolidando nuestra persona y nos estamos identificando con otros que pueden tener gustos e intereses semejantes o diferentes, es decir, estamos diciéndoles a todos que existimos y nuestras opiniones son dignas de tomarse en cuenta, pero también estamos tomando en cuenta a los compañeros que trabajarán con nosotros durante el curso. El incluir nuestros gustos, formación y por supuesto nuestra fotografía, consolida aún más nuestra realidad dentro de la comunidad de aprendizaje en la que participamos.
La forma en que redactamos nuestro perfil habla mucho de nuestra personalidad, y sirve no solo para identificar las trayectorias formativas afines que podríamos tener, o para darnos cuenta de que probablemente seamos prácticamente vecinos y nunca nos habíamos cruzado por la calle; nos ayuda a mostrar la forma muy peculiar que todos tenemos para emplear el lenguaje escrito, lo que nos llega a crear una especie de “huella digital”; como las pinceladas de un pintor sobre un lienzo o los juegos de notas que un compositor utiliza con frecuencia en sus melodías y que los hacen reconocibles aún sin ver el nombre del autor.
La “cereza del pastel” la pone la fotografía que incluimos, pues mientras más clara y definida sea, mejor nos presenta ante los compañeros de nuestro grupo, y nos identifica como parte de él. Una foto es nuestra “voz” en Internet, el toque especial que le damos a nuestro trabajo y, por supuesto, nuestra carta de presentación en cada comentario que hacemos en el foro y cada trabajo que subimos.
Cuando elaboramos nuestro perfil, nos estamos volviendo reales, estamos consolidando nuestra persona y nos estamos identificando con otros que pueden tener gustos e intereses semejantes o diferentes, es decir, estamos diciéndoles a todos que existimos y nuestras opiniones son dignas de tomarse en cuenta, pero también estamos tomando en cuenta a los compañeros que trabajarán con nosotros durante el curso. El incluir nuestros gustos, formación y por supuesto nuestra fotografía, consolida aún más nuestra realidad dentro de la comunidad de aprendizaje en la que participamos.
La forma en que redactamos nuestro perfil habla mucho de nuestra personalidad, y sirve no solo para identificar las trayectorias formativas afines que podríamos tener, o para darnos cuenta de que probablemente seamos prácticamente vecinos y nunca nos habíamos cruzado por la calle; nos ayuda a mostrar la forma muy peculiar que todos tenemos para emplear el lenguaje escrito, lo que nos llega a crear una especie de “huella digital”; como las pinceladas de un pintor sobre un lienzo o los juegos de notas que un compositor utiliza con frecuencia en sus melodías y que los hacen reconocibles aún sin ver el nombre del autor.
La “cereza del pastel” la pone la fotografía que incluimos, pues mientras más clara y definida sea, mejor nos presenta ante los compañeros de nuestro grupo, y nos identifica como parte de él. Una foto es nuestra “voz” en Internet, el toque especial que le damos a nuestro trabajo y, por supuesto, nuestra carta de presentación en cada comentario que hacemos en el foro y cada trabajo que subimos.
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